El misterio y la leyenda negra de dos películas malditas detrás de las muertes de John Wayne, Clark Gable y Marilyn Monroe

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The Conqueror y The Misfits, dos “películas malditas” filmadas en los 50 y 60 en el desierto de Utah

Informe preliminar:

“La radioactividad producida por las pruebas nucleares realizadas en Nevada, Estados Unidos, entre 1951 y 1962, fue diez veces superior a la ocasionada por el accidente de la central nuclear de Chernobyl, Ucrania, en 1986, según revela un estudio del Instituto Nacional del Cáncer, USA. Algunos científicos afirman que las emisiones pudieron provocar entre 25 mil y 50 mil casos de cáncer de tiroides, de los cuales al menos 2.500 fueron mortales”
(Matthew L Wald, periodista especializado en el tema, Premio Pulitzer, Washington, 30 de julio de 1997)

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A comienzos de 1956, una legión de actores, técnicos y obreros llegó en caravana –como los pioneros del Far West un siglo antes–, para filmar The Conqueror (en Hispanoamérica, El Conquistador de Mongolia).

Producido por el mítico Howard Hughes, dirigido por Dick Powell y bajo el sello de RKO Pictures, sería un monumento al celuloide: seis millones de dólares, un elenco encabezado por John Wayne en el rol del legendario Ghengis Khan, y con la bellísima y sensual Susan Hayward como la princesa Bortai…

El casting de estrellas de The Conqueror, o “El conquistador de Mongolia”
El casting de estrellas de The Conqueror, o “El conquistador de Mongolia”

La locación: St. George, desierto de Utah, no muy lejos del campo de pruebas atómicas norteamericanas desplegadas pocos años antes…

Una foto de Wayne con un contador Geiger en la mano fue una señal funesta, aunque todavía apenas se hablaba del polvo radiactivo, y menos de su relación con el cáncer.

Pero pesó sobre The Conqueror una doble maldición. Fue uno de los mayores fracasos de boletería y de crítica: figura en los archivos como “la peor película de los años 50, y de la historia del cine“…, y signada por una extraña sucesión de muertes por cáncer.

Dick Powell, su director, murió de un linfoma en enero de 1963. John Wayne, cáncer de estómago, junio, 1979. La actriz Agnes Moorehead, cáncer de útero, 1974. Pedro Armendáriz, 1963, suicidio al saber que tenía cáncer renal incurable.

John Wayne, en The Conqueror. Murió de cáncer de estómago en 1979
John Wayne, en The Conqueror. Murió de cáncer de estómago en 1979

De los 220 de la troupe total del film, 91 contrajeron cáncer hacia 1984, y 46 de ellos murieron por esa causa.

Desde luego, la presunta relación entre la radiación nuclear de la zona y esas muertes abrió largos debates.

Según algunos expertos, la exposición al polvo atómico no tiene un período de incubación tan largo, John Wayne y Agnes Moorehead eran fumadores seriales, y el resto de los muertos por cáncer apenas superaba el nivel estadístico de las personas dedicadas a la profesión del cine en los años 50.

Sin embargo, Robert Pendleton, profesor de Biología de la Universidad de Utah, aseguró que la incidencia del cáncer entre el total de esa dotación de 220 “podría ser calificado como una epidemia. La conexión entre la lluvia radioactiva y el cáncer en casos individuales ha sido prácticamente imposible de demostrar de modo concluyente. Pero en un grupo de ese tamaño, la expectativa sería de 30 individuos pasibles de desarrollar alguna forma de cáncer… Creo que el fenómeno de The Conqueror bien podría ser llevado a un Tribunal de Justicia”.

Pedro Armendariz, se suicidó en 1963, al conocer que padecía de un cáncer renal incurable
Pedro Armendariz, se suicidó en 1963, al conocer que padecía de un cáncer renal incurable

En todo caso, el número de enfermos y muertos superó esa treintena…, y por años la tan costosa como fracasada producción llevó el baldón de “la película radioactiva“.

Con una segunda parte…

En el verano de fuego de 1960, en el desierto de Black Rock, Nevada, y también cerca de los ensayos atómicos que se extenderían hasta dos años después…, empezó el rodaje de The Misfits –en América latina, Los Inadaptados–, con un aura de futura gloria.

No era para menos.

Escrita por Arthur Miller (su única historia creada para el cine y titulada Vidas Rebeldes), estaba dedicada a su mujer, Marilyn Monroe, como una especie de carta de amor…, aunque faltaba muy poco para la ruptura definitiva.

Dirección y elenco de alta gama: John Huston detrás de las cámaras, y ellos y ellas, Clark Gable, Marilyn, Montgomery Clift, Eli Wallach, Thelma Ritter…, para un drama psicológico y romántico, como lo definieron los críticos.

Pero el diablo del desierto no tardó en meter la cola…

Marilyn vivía una de sus peores épocas de fragilidad, neurosis, tumbos emocionales. Llegaba invariablemente tarde a la filmación: el uso, abuso y dependencia de los psicofármacos le exigían más horas de sueño, y se movía como un zombie. Se esforzaba, pero…

Hasta que alcanzó el punto límite: dos semanas de internación en un hospital de Los Ángeles. Dos semanas sin rodaje que, sumadas las llegadas tarde, retrasaban los plazos, aumentaban los costos, y generaban efecto-contagio: sobre todo en Monty Clift, un manual viviente de adicciones, fantasmas, melancolía, depresión…

En cuanto a Gable, entonces de 59 años y muy golpeado, llevaba dos décadas de un duelo del que jamás se repuso: la muerte –accidente aéreo, 1942– de Carole Lombard, su primera mujer.

Ese clima enfermizo atrapó también a John Huston, que alargó cada vez más sus noches en el casino, sus pérdidas (jugaba hasta 20 mil dólares diarios entre ruleta y dados), y según uno de sus ayudantes, “se quedaba dormido en su silla de director, en pleno rodaje, y al despertarse no sabía qué escena se estaba filmando”.

Golpe fatal: Clark Gable murió antes del estreno del film. El 16 de noviembre de 1960 lo mató una trombosis coronaria.

Clark Gable murió antes del estreno de The Misfits (Getty)
Clark Gable murió antes del estreno de The Misfits (Getty)

Marilyn Monroe no tardó en seguirlo: el 5 de agosto de 1962 la encontraron muerta, desnuda, en su cama, y con una de sus manos cerca del teléfono, descolgado…

En adelante y hasta hoy, muerte novelesca: sobredosis, la CIA, el FBI, Bob Kennedy, la Mafia…

El 23 de julio se 1966 partió Monty Clift. Lo encontraron muerto en su piso de Manhattan. La autopsia dijo “infarto masivo”. Pero no fueron ajenos a ese final años de drogas y alcohol…

Estrenada en 1961, Los Inadaptados, en impecable blanco y negro, empezó a ser llamada “la película maldita“. Y casi al instante, esa supuesta maldición fue atribuida… a las radiaciones nucleares de las pruebas que  desembocarían, en agosto de 1945, en las dos bombas atómicas que diezmaron a Hiroshima y Nagasaki.

¿Leyenda, psicosis colectiva, o realidad?

Aunque ninguno de la troupe enfermó de cáncer, como en el caso de The Conqueror, decenas de testigos –desde los técnicos hasta el genial fotógrafo Henri Cartier-Bresson, que pasó largos días en la filmación y publicó sus fotos en un libro: The Misfits. Story of Shoot– coincidieron en jurar que “algo raro pasaba… Todos parecían locos… Es cierto que el sol y el calor eran brutales, 40 a 45 grados…, pero otra cosa los impulsaba a actuar como anormales, como hipnotizados”.

Por ejemplo, Huston interrumpió la filmación para montar un camello en Virginia City, Nevada… y ganar la carrera. Y unos días después fue a una fiesta aborigen, y lo ungieron miembro honorario de la tribu Paiute.

Marilyn Monroe falleció dos años después del roda de The Misfits (EFE)
Marilyn Monroe falleció dos años después del roda de The Misfits (EFE)

Arthur Miller también cayó en un hábito extraño. La noche o la mañana anterior al rodaje de una escena, entregaba el guión con tachaduras y reescrituras casi ilegibles, aumentando el caos general…, y duplicando (como si poco faltara) la inseguridad de Marilyn.

Thelma Ritter, famosa en Hollywood por su resistencia, terminó en un hospital el último día de rodaje. Diagnóstico: agotamiento.

Parecían locos, sí.

Tanto, que a pesar de que Gable sufría de dolores de espalda crónicos, en una escena de rodeo Monty lo golpeó con furia y sin parar. Hubo que desmontarlo y golpearlo para que saliera de esa especie de trance, y Gable acabó con la espada sembrada de moretones violáceos y gritando:
–¡Bastardo hijo de puta! ¡La próxima vez te mataré!

Sin embargo, el mismo Gable, un catálogo de dolores y ronco por los cuatro paquetes de cigarrillos diarios fumados durante tres décadas… insistió en rechazar un doble y soportó que Huston lo atara a un camión lanzado a más de cien kilómetros por hora para simular que montaba un caballo enfurecido. Terminó escupiendo sangre…

Tantos y tales avatares –un film dentro de otro– justifica el mito de película maldita, y por qué no, la influencia de las emanaciones radiactivas no sólo en las demenciales anécdotas y los bruscos cambios de carácter en gente tan profesional: también en la sucesión de muertes.

Algunas, tan cercanas al principio y el fin de la aventura en ese desierto envenenado.

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