“El diseño expresa lo que las palabras no pueden”

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El diseño italiano ha llegado al país de la mano del diseñador de muebles artísticos, Mauro Mori, y del consultor de color, Massimo Caiazzo, invitados de la Embajada Italiana en este primer Design Week RD, en el que Italia es el país invitado y se honra la figura del humanista italiano Alessandro Geraldini, obispo de Santo Domingo.

—¿Cuáles son sus expectativas de esta visita a la República Dominicana?

Mauro Mori: Estoy muy contento por la invitación que recibí de la Embajada Italiana para representar a mi país aquí en Santo Domingo. Es una oportunidad para compartir con los estudiantes de diseño la inspiración, el estímulo, la intención y la ambición de mi profesión.

Massimo Caiazzo: El color me ha dado la posibilidad de unir el juego, el estudio y el trabajo. Estoy aquí en Santo Domingo para mostrar una exhibición basada en la policromía. La exhibición tiene mucho con ver con esta ciudad; desde que llegué, me di cuenta que es una ciudad polícroma.

—¿Qué nos pueden contar sobre las charlas que impartirán durante el Design Week?

MM: Mi charla se llama “Un acercamiento natural”. El enfoque principal que quiero otorgar a los estudiantes es cómo insertar su toque personal a los trabajos que realicen. Luego, quiero tener en cuenta todo el proceso que conlleva la creación de un producto. Daré un cuadro completo abarcando desde el nacimiento de una idea, la realización del producto y la creación de una colección, hasta arribar a la inserción del producto a un mercado. Hay que tomar en cuenta que estos trabajos involucran un aspecto comercial; realizarlos cuesta.

MC: En mi charla hablaré del estilo de vida italiano y de cómo los colores se insertan dentro de este. El color no es sencillamente una decoración, sino que es un elemento que se imprime en nuestras memorias. Es importante para la atmósfera de un país.

Estoy muy agradecido a la Embajada de Italia por haberme dado esta oportunidad de entrar en contacto con una personalidad interesantísima como Alessandro Geraldini, quien escribió una página importante en la historia de esta isla. Por eso he preparado otra instalación en la Capilla de los Remedios, donde se muestra un diálogo idealista entre Leonardo Da Vinci y Alessandro Geraldini, los dos humanistas que se centraron en la humanidad, la cultura y el arte.

—¿Cómo comenzó su pasión por el arte?

MM: Mi pasión por el arte nació por mi hermana, quien pintaba; esa vena artística proviene de ella. Luego, fui descubriendo la grandísima posibilidad de expresión que otorga el arte, además de que es una gran plataforma de crecimiento personal.

Es una forma de terapia que permite expresar, a través de distintas formas artísticas, cosas que las palabras no pueden expresar. Cuando creas una obra utilizas las manos de forma casi meditativa, ya que entras en contacto con esa parte interior tan profunda, tan privada. Creo que ese es mi acercamiento y mi interés detrás del arte.

MC: Mi pasión por el arte empezó en mi ciudad, Nápoles, donde tuve mucho contacto con los monumentos artísticos y la belleza del arte y del color. Ese fue el punto de partida. Luego en Milán desarrollé una pasión por el color debido a Alessandro Mendini, un maestro de la policromía y del arte, quien me llevó a conocer el mundo de las artes aplicadas. El arte es, en realidad, una gran medicina para nuestra sociedad. Ese es su rol.

—¿Consideran que sus pasiones artísticas se deben a sus raíces italianas?

MM: Somos afortunados de nuestro legado cultural e histórico; al nacer en Italia tienes la ventaja de convivir con la belleza artística, entonces creces contaminado del buen gusto, la tradición y la cultura. Toda esto claramente estimula el desarrollo de tu expresión artística.

MC: Definitivamente la posición geográfica de Italia y la posibilidad de tener un encuentro entre distintas culturas ha dado la oportunidad de un gran intercambio. Italia es un país donde conviven la cultura y el saber; los italianos tienen la capacidad de saber hacer y, por encima de esta, la de saber vivir. Por esto, el arte es útil.

—¿Cómo incide un buen diseño en un espacio y, por consiguiente, en nuestro sentido de bienestar?

MM: Pienso que lo vital es que exista un discurso empático entre el espacio y la gente que convive en él. Yo realizo objetos de dimensiones pequeñas, medianas y grandes para diferentes proyectos, pero para todos se requiere una armonía entre los objetos y el entorno en el que se posicionarán.

Lo difícil es crear una armonía entre la necesidad del cliente y el entorno en el que se realiza el trabajo. Tiene que haber un proceso de traducción entre la experiencia de la gente y las características del objeto y del proyecto completo. Lo más importante es la empatía que surge de la armonía entre los lugares y las personas.

MC: Lo más importante es respetar el lugar, siempre buscar la luz natural y considerar la vida cotidiana de la gente dentro de su espacio. Los lugares en los que la gente hace su vida cotidiana afectan mucho su bienestar, porque ellos no solo viven según sus emociones, sino que el entorno en el que interactúan influencia directamente sobre su bienestar.

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