Neurociencia, ¿una nueva religión?

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Para el ensayista y autor estadounidense Curtis White la respuesta es afirmativa. Considera que el mensaje de los investigadores y defensores de la neurociencia es casi el mismo que el de los llamados Nuevos Ateos del milenio: abandonar la religión y someterse a la ciencia.

Curtis White, conocido crítico cultural estadounidense, amigo de David Foster Wallace, admirado por Paul Auster y Slavoj Žižek y definido cariñosamente por la comentarista política Molly Ivins como un ‘espléndido cascarrabias’, no critica a la ciencia en sí misma, como fuente de conocimiento, sino “cuando es transformada en una ideología”.

Las críticas de White (San Lorenzo, California, EEUU, 1951) se dirigen al cientifismo, una corriente de pensamiento según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas o “útiles”, como las matemáticas, la física, la química, la botánica, la mineralogía y las ciencias naturales en general.

“El problema con el cientifismo es que amenaza con reducir todos los asuntos humanos a sus propios términos”, señala White a la revista Tricycle con motivo de la publicación de su libro ‘El delirio de la ciencia’, traducido ahora al castellano.

“Según la corriente cientificista, la creatividad artística es una mera función de las neuronas con las sustancias químicas, la religión es el resultado del ‘gen divino’, y la fe está directamente conectada a nuestra configuración genética”, apunta este autor.

Por eso a White no le sorprende que el cientificismo considere al espíritu como una palabra prohibida, según confiesa.

Para White esta corriente deja “de lado cualquier consideración sutil del significado de espíritu, aunque la historia del pensamiento religioso es bastante sutil, como saben quiénes están familiarizados con la filosofía budista o con el legado de los pensadores existenciales cristianos, como Kierkegaard, cuya obra no se está reconociendo”.

White es especialmente crítico con los llamados Nuevos Ateos, los cientificistas encabezados por el especialista en etología -rama de la biología y de la psicología experimental- y divulgador científico, Richard Dawkins y el fallecido escritor y ensayista Christopher Hitchens, quienes “causaron sensación en el nuevo milenio diciéndoles a los creyentes que debían abandonar la religión y entregarse a la ciencia”, asegura.

Y alerta de que hoy, los neurocientíficos y sus divulgadores mediáticos han popularizado una variación de aquel mensaje que impulsaron Richard Dawkins –autor de la obra “El gen egoísta”- y Christopher Hitchens –autor de “Dios no es bueno”-, y que ahora consiste en “el mapeo del cerebro humano pronto se completará, y sabremos por fin quiénes somos”, de acuerdo a White.

Señala que este mensaje es casi el mismo que el de los Nuevos Ateos: “debes rendirte y someterte a la superioridad de la ciencia y la razón”, según indica, subrayando que ambos mensajes “deberían analizarse juntos”.

Desde su condición de ateo declarado, White se muestra sin embargo contrario a: “los Nuevos Ateos cientificistas y a los vehementes divulgadores de la nueva religión neoliberal: la neurociencia”.

Señala que “este nuevo giro hacia el cientificismo y su obsesión con la tecnología”, le está causando y le causarán graves trastornos a nuestra cultura, “si no se les desafía desde la filosofía y el arte, que nuestro mundo necesita redescubrir desesperadamente”.

“Es que los neurocientíficos y sus divulgadores no dirigen este mandato solo a los cristianos evangélicos, sino también a sus otros adversarios históricos: el arte, la filosofía y las humanidades”, precisa.

Para White su mensaje se traduce más o menos así: “la mente y las creaciones humanas no son la consecuencia de algo llamado voluntad, ni de la inspiración, ni de la comunión con una musa o un demonio, ni muchísimo menos del genio. Todo esto resulta vago y forma parte de la endeble religión de los poetas” .

Para el cientificismo, “la mente humana es una máquina hecha de carne, neuronas y química. Con el dinero suficiente y más poder computacional, se resolverá el rompecabezas del cerebro y sabremos qué somos y cómo debemos actuar”, ironiza.

Sobre las suposiciones de que la ciencia es la manera como son las cosas y que se basa en la plataforma de lo real, White advierte que muchos hallazgos científicos, en especial en la física, son un conocimiento “abierto a incertidumbres y especulativo, y cuya realidad consiste a menudo tan solo en idealizaciones matemáticas,solo números sin ninguna presencia empírica”.

Subraya además que el concepto de espíritu, asociado a la religión y que se asume que afecta a las cosas sobrenaturales, se puede comprender de otra manera, “como demuestra la lógica espiritual del budismo sobre el origen del sufrimiento y la manera de detenerlo, aplicando ocho factores rectos en nuestra vida, lo cual no es una llamada a lo sobrenatural”, destaca.

Para White la pregunta religiosa final, “no es si Dios existe o no, sino ¿qué es la compasión o el amor?, los cuales no son una cosa o una cualidad demostrable empíricamente o debida a un ‘gen del altruismo’, sino una urgencia de la bondad que nos es muy querida, usamos con flexibilidad y existe solo en la medida que le dedicamos parte de la energía de nuestras propias vidas”.

Por Omar Goncebat.

EFE/REPORTAJES

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