El fuego de Valparaíso, La Sebastiana y el baile de los que sobran

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Nochebuena en llamas en los cerros de Valparaíso. REUTERS/Rodrigo Garrido (RODRIGO GARRIDO/)

Únanse al baile, de los que sobran

Nadie nos va a echar de más

Nadie nos quiso ayudar de verdad.

“Los Prisioneros” suenan en un casete que escuchamos en el Tercel rojo mientras subimos por las callecitas del cerro Bellavista. La última curva termina en una explanada y enfrente aparece La Sebastiana, una de las tres casas emblemáticas de Pablo Neruda, con una espléndida vista a la bahía de Valparaíso. El poeta pasó ahí su último Año Nuevo, en 1972. La dictadura pinochetista la dejó abandonada, como a La Chascona de Santiago –la inundaron los soldados después de una requisa- y la casa de Isla Negra, donde la gente dejó por 18 años mensajes contra la dictadura escritos en carbón sobre las maderas que hacen de empalizada y la rodean. Las tres fueron reconstruidas una vez que los militares se retiraron a los cuarteles.

En 2003, esos cerros y las tradicionales viviendas de madera y chapas construidas en lugares imposibles con vista al Pacífico, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad. Un año más tarde, en abril de 2004, se desató un incendio extremo que dejó 12 muertos, 500 casas destruidas y 10.000 evacuados. La Sebastiana resistió bien. Pero el temor a nuevos fuegos se instaló. Veranos cada vez más calientes y ventosos, producto del cambio climático, aumentaron el terror. Durante las manifestaciones que transformaron a Chile, entre octubre y diciembre de este año, hubo voces que especulaban con una tragedia similar para Valparaíso. Pero nada gravísimo ocurrió. Hasta el 24 de diciembre, cuando los porteños se preparaban para la cena de Nochebuena y para recibir al Viejito Pascuero (así denominan a Santa Claus los chilenos), todo comenzó a arder entre los cerros Rocuant y San Roque. Las llamas se podían ver desde varios kilómetros. Con las primeras luces de la Navidad, apareció la magnitud de la desgracia: más de 150 hectáreas devastadas, 245 casas convertidas en ceniza.

La Sebastiana, continuó intacta, apenas un poco ahumada. Y Los Prisioneros volvieron a sonar entre los cerros con su “baile de los que sobran” como lo venían haciendo en Santiago y el resto del país durante los levantamientos del “Chile despierta”. La novedad es que se suceden las voces que hablan de que este incendio fue intencional, que se vieron sospechosos en el lugar donde comenzaron las llamas, que se encontró allí un bidón de gasolina medio vacío y que lo dejaron abandonado dos personas que escaparon en una camioneta. Una gota más en el mar de incendio que se desató en octubre cuando unos estudiantes de escuelas secundarias protestaron contra la suba en las tarifas del metro de Santiago.

Triste Navidad para los habitantes de los barrios afectados por el incendio en Valparaíso.  REUTERS/Rodrigo Garrido
Triste Navidad para los habitantes de los barrios afectados por el incendio en Valparaíso. REUTERS/Rodrigo Garrido (RODRIGO GARRIDO/)

Desde octubre que se vienen buscando culpables de lo que estaba sucediendo. En los primeros días, la primera dama del país aseguró que se trataba de “aliens”, extraterrestres. Piñera le dijo al diario El País de España que había recibido información de “intervención de gobiernos extranjeros”. Luego, fueron “los barra brava y narcotraficantes”. Para algunos legisladores oficialistas fueron los maestros y profesores que “incitaban a la protesta”. Y cuando ya no quedaban muchos a quien culpar, aparecieron los famosos que apoyaron las protestas, desde el futbolista Gary Medel y la cantante Mon Laferte, hasta el K-Pop de los surcoreanos. En los últimos días Piñera insistió: “hay una campaña de desinformación, de noticias falsas, de montajes para crear una sensación de un desorden y de una crisis total…(Y esto aparece claramente en un estudio) de millones y millones de comunicaciones a través de redes sociales”.

La verdad estaba mucho más cerca. Chile tuvo un crecimiento muy desigual. El 1% más adinerado del país se quedó con el 26,5% de la riqueza en 2017, mientras que el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2,1%. En ese contexto, un aumento de la tarifa del transporte puede ser devastador. Consume casi el 30% del ingreso de una familia. Claudio Fuentes, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Diego Portales, explica: “Hubo un gran crecimiento de la clase media, pero es una clase media precarizada, que tiene bajas pensiones, altos niveles de deuda, que vive mucho del crédito y que tiene sueldos muy bajos. Es una situación donde el día a día es precario, que vive con incertidumbre”.

La respuesta del gobierno fue “sin ninguna empatía” con la gente. “No hubo más que tecnocracia y represión. El panel de expertos define la tarifa, las Fuerzas Especiales la hacen cumplir. Planillas Excel y lumas (palos), mientras la política permanece ciega, sorda y muda”, escribió Daniel Matamala en una columna de La Tercera. Y está el elemento de las expectativas. “Si Bachelet 1 (2006-2010) y Piñera 1 (2010-2014) fueron símbolos de cambio como la igualdad de géneros y la alternancia en el poder; Bachelet 2 (2014-2018) y Piñera 2 (2018) agotaron el stock de esperanzas. Enterrada la retroexcavadora y sepultados los tiempos mejores, hace tiempo se incuba el ruido sordo de la falta de un proyecto país, de un camino al desarrollo, de una meta compartida que dé sentido a las penurias cotidianas”, dice Matamala.

Luego vino una represión brutal. De acuerdo al informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet (la ex presidenta convertida en fiscal) hubo al menos 26 muertos, 3.590 heridos (1.300 civiles y 2.705 miembros de la policía). El ministerio de Salud dijo que se atendieron 12.738 urgencias durante las protestas. Entre ellas sobresalen las lesiones oculares que dejaron sin visión total o parcial a 352 personas alcanzadas por perdigones de los carabineros. La ACNUDH también presentó testimonios de 133 casos de tortura y malos tratos. La mayoría de estos casos tuvieron lugar durante el arresto, el traslado a los centros de detención o durante la detención. Y 24 casos de violencia sexual contra mujeres (14), hombres (6), niñas (3) y un niño, en el contexto de las protestas.

Enfrentamientos entre manifestantes anarquistas y los Carabineros en Valparaiso, el 18 de diciembre. REUTERS/Rodrigo Garrido
Enfrentamientos entre manifestantes anarquistas y los Carabineros en Valparaiso, el 18 de diciembre. REUTERS/Rodrigo Garrido (RODRIGO GARRIDO/)

Todo esto hasta que las llamas iluminaron lo que las protestas pacíficas y los disturbios de los anarquistas no estaban diciendo. Por detrás comienza a aparecer la sombra de algún movimiento o grupos más violentos que ya se desplegaron en favor de los mapuches y que ahora podrían estar interesados en “profundizar las contradicciones”. Claro que, en el medio, también puede haber desde mafias portuarias hasta especuladores inmobiliarios. Ya en Navidad, el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, lideró la ofensiva del gobierno que se desplegó en las zonas afectadas y expuso la hipótesis principal: “Este no es el primer incendio que tenemos en la zona en la última semana donde hay indicios de intencionalidad, por lo que Carabineros y Policía de Investigaciones están trabajando coordinados con la fiscalía y esperamos que cuanto antes tengan resultados, porque, de ser cierto, esto sería gravísimo, las penas por incendio son muy altas”. Blumel agregó que “la fiscalía está a cargo de identificar a las personas sospechosas y eventualmente establecer si hubo responsabilidades, pero hay bastantes indicios de que esto pudo haber sido”. Todo está basado en un video grabado en su celular por un vecino del cerro Rocuant. Se ve a una camioneta Fiorino en la ladera donde comenzó el foco de incendio. El mismo lugar donde se encontró posteriormente el bidón de combustible. El vehículo sale a gran velocidad y desaparece.

Pablo Neruda construyó La Sebastiana, una de sus tres casas emblemáticas de Chile, en la ladera de un cerro de Valparaíso. Allí pasó su último Fin de Año.
Pablo Neruda construyó La Sebastiana, una de sus tres casas emblemáticas de Chile, en la ladera de un cerro de Valparaíso. Allí pasó su último Fin de Año.

Valparaíso, el antiguo puerto a unos 120 kilómetros de Santiago, tiene un largo historial de incendios. Los asentamientos instalados en quebradas y laderas de cerros, originados en tomas inorgánicas que con el tiempo fueron regularizados, están compuestos por casas precarias de madera, muy inflamables. En el pasado hubo disputas por los mejores terrenos y pistoleros en busca de “viviendas típicas” para turistas aventureros. La resolución de los conflictos siempre fue con fuego. Tampoco se pueden soslayar los efectos del cambio climático con una mega sequía que se extiende desde hace 8 años y las temperaturas promedio más altas desde 1920.

Gasolina para una situación ya encendida. El romántico empedernido Don Pablo de la Sebastiana, que amaba a esos cerros de Valparaíso, lo puso así: “En esta historia sólo yo me muero y moriré de amor porque te quiero, porque te quiero, amor, a sangre y fuego”.

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