Falta de insumos médicos y miedo a contagiarse o morir de coronavirus: el drama que viven los enfermeros brasileños

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Decenas de enfermeras protestaron en Brasilia en honor a sus colegas muertos por coronavirus (REUTERS/Ueslei Marcelino) (UESLEI MARCELINO/)

En apenas una semana, la situación sanitaria en Brasil por el avance del nuevo coronavirus se volvió alarmante. En ese lapso de tiempo superó a Italia, España y el Reino Unido en número de casos, convirtiéndose al martes en el tercer país con más infectados por COVID-19 en todo el mundo.

Y la posibilidad de que supere a Rusia, segunda en la lúgubre lista con casi 300.000 casos, parece estar a días de distancia considerando que Brasil tiene la tasa de contagios diarios más alta del mundo. El drama golpea de lleno a los trabajadores sanitarios, aquellos que todos los días trabajan contrarreloj para contener el brote.

En esa línea, Brasil ya es el país con más enfermeros muertos por coronavirus. De acuerdo al Consejo Federal de Enfermería del país sudamericano, hasta el momento se registran al menos 116 enfermeros fallecidos por la pandemia. Estados Unidos, la nación con más infectados y seis veces más muertos que Brasil, registra 107 decesos entre sus enfermeros. En Italia, por su parte, que tiene casi el doble de muertes que Brasil, han muerto 39 enfermeros, según las autoridades locales.

Además de estar expuestos a la creciente ola de infectados, los trabajadores sanitarios también deben hacer frente a la pandemia en medio de falta de insumos.

En un artículo publicado por The Wall Street Journal, enfermeros de cinco estados brasileños indicaron que desde el inicio del brote cuentan con equipos médicos antiguos, y carecen de suficientes protectores faciales, gafas, guantes y batas.

“Tenemos miedo de infectarnos e incluso de morir”, admitió Lilianna Froes, de 25 años, una enfermera de Belém, en el noreste de Brasil, que está en cuarentena tras mostrar síntomas de la enfermedad. “Vemos gente muriendo todo el tiempo. Cada vez que escuchamos la noticia de que un colega ha muerto, nos rompe el corazón y nos hace pensar, ‘podría ser yo el siguiente’”, agregó, angustiada.

Ante esta falta de insumos, algunos enfermeros, por ejemplo, se ven obligados a reutilizar las mascarillas; otros, en tanto, usan máscaras de tela, que resultan ineficaces ante tanta exposición con enfermos de COVID-19.

Algunos trabajadores sanitarios deben hacer hasta doble turno ante la falta de personal (REUTERS/Amanda Perobelli)
Algunos trabajadores sanitarios deben hacer hasta doble turno ante la falta de personal (REUTERS/Amanda Perobelli) (AMANDA PEROBELLI/)

En el icónico estadio de fútbol Maracaná, de Río de Janeiro, funciona por estos días como un hospital de campaña. Allí las enfermeras duermen en los pasillos, mientras las autoridades intentan acondicionar las instalaciones. Se suponía que el hospital tendría 400 camas disponibles para el 15 de mayo, pero todavía está funcionando a la mitad de su capacidad prevista: con sólo 200 camas y 80 unidades de cuidados intensivos.

El Ministerio de Salud dijo que, hasta el 12 de mayo, había proporcionado 83 millones de equipos de protección para los profesionales de la salud.

Francisca Valda Silva de Oliveira, presidenta de la Asociación Brasileña de Enfermería, reveló al diario neoyorquino que en algunos hospitales del estado de Río de Janeiro muchos enfermeros han dejado de beber agua para evitar ir al baño ante la preocupación de contagiarse el virus mientras se quitan los equipos.

Carla de Oliveira Obelar, de 42 años, enfermera de Río de Janeiro, empezó a tener síntomas de tos y fiebre. Como no pudo hacerse la prueba de coronavirus, su primo Glauber Amancio comentó que tuvo que pagar para que le hagan el test. Como dio negativo, volvió a trabajar cuando los síntomas disminuyeron. Sin embargo, con el paso de los días su condición empeoró. Después de días de intensa búsqueda de una cama en la unidad de cuidados intensivos, finalmente consiguió una el día que murió. Aunque nunca se hizo una segunda prueba, su certificado de defunción indicaba COVID-19 como la causa de la muerte.

Los trabajadores sanitarios exigen mejores condiciones para hacer frente a la pandemia (REUTERS/Adriano Machado)
Los trabajadores sanitarios exigen mejores condiciones para hacer frente a la pandemia (REUTERS/Adriano Machado) (ADRIANO MACHADO/)

Estas condiciones de trabajo, y la necesidad de muchas veces hacer doble turno por la falta de personal, aumentan los temores entre los trabajadores sanitarios brasileños. En San Pablo, las enfermeras se reunieron la semana pasada frente a un museo de arte y encendieron velas por los colegas que murieron. En Brasilia, cerca del Palacio Presidencial, algunos trabajadores protestaron recostados en el suelo con los brazos extendidos, con un trozo de papel en cada uno de sus pechos con los nombres de los colegas que murieron.

Estos temores, incluso, se ven reflejados en los datos aportados por el Ministerio de Salud. Según el balance presentado el 14 de mayo, hasta ese día casi 32.000 profesionales sanitarios contrajeron coronavirus.

Las autoridades sanitarias brasileñas informaron que 199.768 trabajadores del sistema de salud pública presentaron síntomas de COVID-19, de los que 31.790 tuvieron confirmado el diagnóstico para la enfermedad, mientras que otros 53.677 fueron descartados. Más de 110.000, en tanto, aún son casos sospechosos y están bajo investigación.

Pese a la situación de Brasil, Bolsonaro sigue rechazando las medidas de distanciamiento social y confinamiento (REUTERS/Adriano Machado)
Pese a la situación de Brasil, Bolsonaro sigue rechazando las medidas de distanciamiento social y confinamiento (REUTERS/Adriano Machado) (ADRIANO MACHADO/)

Crisis interna y a la espera del pico de la curva

Después de que Brasil se convirtiera en el tercer país con más infectados, al reportar el lunes un total de 254.220 casos, el nivel de alerta sigue latente, ya que las autoridades estiman que la tendencia es que los números de contagiados y muertos sigan creciendo de forma exponencial hasta julio, para cuando se espera el pico de la curva de incidencia.

Los más afectados según los datos de la Universidad Johns Hopkins siguen siendo Estados Unidos (1.496.509) y Rusia (290.678). No obstante, un estudio de la Escuela de Medicina de Ribeirão Preto en San Pablo y otras universidades del país, estima que el número de personas infectadas con COVID-19 es de unos tres millones. “Brasil es el país más infectado del mundo hoy en día”, aseguró Domingos Alves, profesor de la Escuela.

Esa hipótesis se refuerza con las estadísticas de la empresa de análisis Statista, que advierte que el verdadero número de infectados y muertos puede ser mucho más alto porque Brasil hace muchos menos tests que Estados Unidos y los países más afectado de Europa. Hasta el sábado pasado, la nación sudamericana realizaba 3.462 pruebas por cada millón de personas.

Mientras gobernadores y alcaldes defienden medidas de confinamiento, el presidente Jair Bolsonaro, que ha hecho más foco en el impacto económico, las rechaza y convoca a la población a seguir con su vida normal.

Estiman que el número de muertes y contagios en Brasil puede ser mucho mayor al reportado hasta el momento (REUTERS/Bruno Kelly)
Estiman que el número de muertes y contagios en Brasil puede ser mucho mayor al reportado hasta el momento (REUTERS/Bruno Kelly) (BRUNO KELLY/)

La tensión interna aumentó la semana pasada tras la renuncia de Nelson Teich, quien sucedió como ministro de Salud a Luiz Henrique Mandetta sin cumplir un mes en el cargo. El motivo de la dimisión fueron las “incompatibilidades” con el jefe de Estado en la gestión de la pandemia; misma razón por la que fue destituido Mandetta.

En medio de este ida y vuelta con el Ejecutivo, la gobernación de San Pablo, el estado más poblado y afectado por la enfermedad, admitió que estudia imponer una cuarentena total debido a que las medidas de distanciamiento social hasta ahora adoptadas no se han mostrado efectivas y a que ya espera un colapso en su sistema de salud.

Solange Caetano, presidenta del sindicato de enfermeras del estado de San Pablo, reconoció a The Wall Street Journal que la actitud de Bolsonaro “perjudica directamente” a los trabajadores sanitarios. “Intentar acabar con el aislamiento social significa que hay más gente en la calle, más gente infectada. Eso sobrecarga la primera línea de tratamiento”. Explicó que la confusión que reina en el país, y la falta de políticas coordinadas, hace que un mayor número de personas se movilice por todo el país, y eso atenta contra los esfuerzos de contener el brote.

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