En 1975, un grupo de profesores y voluntarios se reunieron para construir un aerogenerador. 45 años después, sigue funcionando

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Corría el año 1975, en plena crisis del petróleo, cuando un grupo de profesores de las escuelas de Tvind, en Dinamarca, comenzó a rondar la idea de construir un aerogenerador. Y no un aerogenerador cualquiera, sino uno que se convertiría en el más potente del mundo en aquel momento y que anticipó muchas de las tecnologías que se utilizan hoy en la industria.

Según cuentan en la web del proyecto, hoy convertido en museo y centro de demostración, el objetivo de este grupo de voluntarios no era lucrarse, sino “demostrar que generar energía de otra manera era posible”. Era un momento en el que el petróleo estaba en entredicho y la energía nuclear se posicionaba como la gran alternativa a los combustibles fósiles.

Era una época con un importante movimiento antinuclear y este grupo de voluntarios querían utilizar el aerogenerador como un argumento en el debate energético, a la vez que generaban energía sin emisiones y controlaban su propio gasto, según cuentan.

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En algún momento de los inicios del proyecto hubo dudas entre energía eólica o solar, pero la decisión fue sencilla: el aerogenerador se encuentra en el oeste de la Península de Jutlandia, donde hay un excelente recurso eólico. Así que se pusieron manos a la obra.

Un proceso de construcción no falto de problemas

Fue el 29 de mayo de 1975 cuando comenzó la construcción del aerogenerador, día en el que 400 voluntarios se reunieron para hacer las primeras actuaciones en lo terrenos. La edad media era de 21 años y aunque contaron con ayuda de expertos para ciertas cosas, era un grupo que podemos consederar semi-amateur.

La construcción del aerogenerador se alargó durante 3 años y durante el proceso surgieron dudas y problemas de todo tipo, algo normal en una construcción pionera y dirijida por un equipo no profesional. Algunas de las cuestiones se trataban de solucionar gracias a la ayuda de expertos externos, pero no siempre era posible ya que el presupuesto era muy ajustado, por lo que se confiaba en el ingenio de los voluntarios o se trataba de sumar más gente a la causa para solucionarlas.

Uno de los puntos más críticos fue cuando se descubrió que por un error de cálculo hacía falta el doble de hormigón del inicialmente considerado. Debido a lo ajustado del presupuesto, eso significaba que no había dinero suficiente para comprarlo a una planta cercana. La solución fue realizar la mezcla ellos mismos, que aunque iba a llevar el doble de tiempo, costaría la mitad.

Antes de finalizar la construcción, muchos de estos voluntarios fueron ridiculizados e incluso acusados de “estar destruyendo la causa de la energía eólica”. Al fin y al cabo, si ese proyecto fracasaba, podía convertirse en una piedra en el camino del desarrollo de la energía eólica.

Finalmente, el 26 de marzo de 1978 el aerogenerador se puso en marcha, aunque hasta 1980 se fueron haciendo ajustes y mejoras.

El presupuesto total fue de 6,5 millones de coronas danesas (casi 900.000 euros de la época) y fue financiado por los profesores de las escuelas de Tvind. Actualmente, el precio por megavatio de un aerogenerador moderno es de entre 600.000 y 800.000 euros.

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Un aerogenerador adelantado a su tiempo

Una vez construido, el Tvindkraft se convirtió en el primer aerogenerador multimegavatio de la historia, el primero en superar la barrera de los 2 megavatios de potencia. Sin embargo, aunque la potencia nominal del generador eléctrico era de 2 megavatios, nunca llegó a generar tal cifra.

El motivo era que, con las palas (de 27 metros) y el sistema de control equipados, el rotor debía girar demasiado rápido para alcanzar los 2 megavatios, lo que ponía en riesgo la integridad del propio aerogenerador. Por eso, el aerogenerador fue limitado a 1 megavatio de potencia. Por si fuera poco, durante los primeros años de funcionamiento, la red de la zona solo era capaz de admitir 400 kilovatios de potencia inyectada, por lo que se optó por desviar la producción restante a una caldera de agua caliente sanitaria.

El Tvindkraf (así es como se le conoce), fue pionero en multitud de tecnologías que se utilizan hoy en día en los aerogeneradores modernos, tales como la torre tubular de hormigón (anteriormente se utilizaban más las de tipo celosía), tres palas (muchos de los prototipos anteriores se basaban en tecnología bipala) construidas con fibra de vidrio y palas con control de ángulo pitch (orientables para regular la potencia extraída del viento).

Fue pionero en multitud de tecnologías que se utilizan hoy en día en los aerogeneradores modernos

Como curiosidad, los fabricantes Vestas y Gamesa (ahora Siemens Gamesa), líderes del mercado, tuvieron muchos años después en su catálogo un aerogenerador de dimensiones y potencia muy similares: el V52 y G52, ambos con 850 kilovatios de potencia y 52 metros de diámetro de palas.

Para hacernos una idea del salto adelante que supuso, uno de los primeros aerogeneradores de España no llegó hasta varios años después, en 1984. Pero se trataba de una máquina mucho más modesta: 12 metros de diámetro de palas y 15 kW de potencia nominal. Un juguete al lado del Tvindkraft.

Otra de las características reseñables del Tvindkraft es que se trata de un aerogenerador que funciona a sotavento, es decir, que gira gracias al viento que indice por detrás de la góndola (nacelle en inglés). Uno de los beneficios de este diseño es que las palas pueden ser más flexibles, ya que se evita el riesgo de choque contra la torre. Sin embargo, la propia torre hace “sombra” al rotor, lo que produce desequilibrios y pérdida de producción. Actualmente, la industria ha adoptado un diseño generalizado de orientación barlovento (el aire incide directamente al rotor).

45 años después el aerogenerador sigue funcionando

En 2015, para orgullo de la industria eólica danesa en general y la asociación Tvind en particular, el aerogenerador cumplió 40 años en funcionamiento. Durante todo este tiempo, se han sustituido multitud de componentes y realizado ciertas actualizaciones. No es para menos, teniendo en cuenta que la vida útil de los aerogeneradores modernos es de 20-25 años. En 1999, se pintó del color rojo y blanco que luce actualmente.

Hoy es el día, después de 45 años, que sigue operativo. Aunque es difícil de confirmar, se le atribuye el título de ser el aerogenerador moderno que más tiempo lleva funcionando. Actualmente se puede visitar y ver una exposición sobre su historia.

Imágenes | Tvindkraft

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En 1975, un grupo de profesores y voluntarios se reunieron para construir un aerogenerador. 45 años después, sigue funcionando

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por
Sergio Fernández Munguía

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